Hace un par de semanas mi cámara se dañó. Una Canon Powershot S1 IS, muy buena, excelente. De repente la imagen del visor y la pantalla se anularon con unas rallas muy oscuras, no se veía nada. Mi opción fue llevarla a un taller autorizado Canon. Al recibírmela me dijeron que el error era de fábrica y que la reparación no me iba a costar nada.

Una semana más tarde me llamaron del taller para comunicarme que no podían reparar la cámara porque no les llegaba el repuesto, así que me cambiaban mi cámara por otra, ¡pero la Powershot S5 IS!, la más alta y nueva de la misma gama. ¡¡¡vergación!!!…

Esta es mi cuarta cámara digital Canon y mi sexta de la marca. La verdad es que solo con el gesto me dejan fidelizado a tutiplén.
Es casi increíble como las grandes empresas aplican estas políticas. El efecto es sin duda muy positivo hacia la marca, a pesar de que conozco el fondo cultural de esta táctica de marketing, por haberlo estudiado en la universidad y aplicado en el trabajo, no soy invulnerable a su influencia.
¡Bravo por Canon!, sin duda excelentes cámaras y un gran servicio.
