Caos y enfermedad
Tuve un sueño de cuyas imágenes no he podido desprenderme, fué muy fuerte y lo peor es que al despertar lo recordé con lujo de detalles.
” Estaba acompañada de mi Madre y tres hermanas, todas íbamos muy de punta en blanco no sé para donde, en un instante oí decir a una de mis hermanas el nombre de un restaurant donde iríamos a comer. Yo sentía mi rostro extraño, una presión en la piel que indicaba que algo no estaba en su lugar. La imagen de mi rostro se reflejó en un lugar, no recuerdo si un vidrio oscuro o un espejo, y veo con horror un horrible hoyo en mi mejilla izquierda, como si me hubiesen golpeado y la mano hundió esa parte de piel y hueso. No se veía la parte interior si no la piel hacia dentro con una profundidad terrible y desesperante. Salí despavorida a buscar un médico, pues en ese justo instante estábamos en un hospital.
El estacionamiento era amplio y con mucha vegetación. La parte interior del edificio era oscura y lúgubre, todo estaba tremendamente sucio. Los pisos manchados de sagre muy vieja que nunca llegaron a limpiar, malos olores por todas partes, cada rincón estaba repleto de enfermos, todos se quejaban al unísono, parecían heridos de guerra. En el piso, justo por donde debía pasar, dormía un señor, carecía de una de sus piernas y la otra estaba hasta la rodilla. Cada muñón estaba tapado con vendas ensangrentadas y sucias. A su lado estaba una pierna sin cuerpo, asumo que era la que le faltaba, igualmente vendada a medias con rastros de sangre brotando aún.
Llegué a la habitación donde estaba el doctor, un joven delgado, de grandes ojeras pero buen humor. Sonreía tiernamente a sus pacientes. Me le acerqué y a los pocos minutos me gritó: cuidado !!! El paciente al que estaba atendiendo, acostado en una camilla comenzó a orinar sin control, un líquido caliente rozó mi piel, rostro, cintura. Un inmediato síntoma de nauceas me hizo dar un paso atrás. Pisé algo baboso y caí al piso donde quedé empapada de no se qué sustancia pastosa, mal oliente y terriblemente asquerosa. Me puse en pié y repentinamente limpia me acerqué al doctor quien amablemente y sin quitar su amable sonrisa, me indicó que no me preocupara que me resetaría algo para el problema de mi rostro.”
Desperté al instante, con el corazón latiendo a mil por segundo. Las imágenes navegaban en mi mente, el asco lo sentía en mi estómago. Fué una tarea difícil volver a dormir.
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